Ciudad y campo

Con nuestra escuela, el Colegio Ave María, nosotras las monjas hemos vivido durante 55 años en Villa Fátima, un simple barrio de La Paz lleno de tiendas de construcción, mercados callejeros, pequeñas tiendas de comestibles, casas hechas de ladrillos a la vista y pavimentos estrechos con muchos baches. Esta zona comercial es ruidosa y animada, como nuestra escuela y el internado. Pero no había espacio en la ciudad para un edificio y un jardín monástico separado para nosotras. Por otra parte, casi no hay silencio para la vida contemplativa dentro de la ciudad. Como jardín y huerta del monasterio y para la provisión de alimentos saludables, a una hora en automóvil de Villa Fátima, nuestra comunidad ha sido propietaria y administradora de una granja ecológica con casa y capilla en Achocalla durante casi 40 años. Así que nuestra vida se mueve entre la ciudad y el campo, entre la oración y el trabajo de ida y vuelta, en los ritmos del año de la iglesia, el año escolar y las estaciones. Es holístico, porque la cabeza, el corazón y las manos tienen igual demanda. Al educar a los niños y adolescentes y al trabajar con la Pacha Mama permanecemos directamente conectados con la creación.

Espacio sagrado

Las capillas del convento, del colegio y en nuestra casa en el campo son espacios sagrados. Aquí nos reunimos ante Dios. Rezamos y cantamos, escuchamos y nos arrodillamos, nos reunimos para el oficio divino y la eucaristía. Nos inclinamos delante de lo que es más grande que nosotras, nos abrimos al Espíritu Santo. Recibimos en la Eucaristía al Dios encarnado, que nos nutre durante nuestro día.

Vivienda monástica

No vivimos en un monasterio histórico como la mayoría de las monjas cistercienses, sino en una vivienda monástica de dos pisos en el terreno de nuestro colegio y en una pequeña casa en nuestra finca. En la ciudad, cada hermana tiene una habitación, con su propio baño, para sí misma. Juntas compartimos la cocina y la lavandería, el refectorio, la sala capitular (que es al mismo tiempo la biblioteca) y un parlatorio. Contamos con una sala de recepción, un comedor y viviendas para huéspedes y voluntarias. Nuestra comida es simple y saludable, muchos alimentos provienen de nuestra finca. En ciertos días invitamos a todos los huéspedes y voluntarias para almorzar juntos con nosotras. A menudo, en estas ocasiones está un ángel en nuestra mesa.

Colegio

En 1954 la Madre Hedwig (Eduvigis) Eckert fundó nuestro Colegio. Ella pertenecía a las primeras monjas cistercienses misioneras que llegaron a Bolivia. Villa Fátima fue en este momento un pobre barrio rojo al margen de la ciudad de La Paz. Madre Hedwig fundó una pequeña escuela primaria y una escuela doméstica, para salvar a las señoritas de 14 años de la calle y de una vida como prostitutas. Antes de su muerte rogaba a un sacerdote de buscar en Alemania un monasterio, que estaría dispuesto a continuar con su obra.

Esta llamada llegó a la Abadia de Seligenthal en Landshut (Baviera), que tienen un colegio para señoritas. Madre Abadesa Columba Baumgartner viajaba a Bolivia y después de su regreso convencía a sus co-hermanas de encargarse de la pequeña escuela. En el año 1972 se mandaba a La Paz tres monjas, Hna. Mechthildis, Hna. Immolata y Hna. Claudia, que eran profesoras y educadoras para preocuparse de esta pequeña estación misionaria. Después de la muerta de M. Mechthildis y después de la salida de M. Claudia, Seligenthal mandaba a Hna. Cornelia y a Hna. Christine, que igualmente como Hna. Josefa, la primera boliviana, que entraba al convento, fueron profesoras.

En los siguientes años se aumentaban los cursos de secundaria para llegar al bachillerato, alemán o latín se introducían como segundo idioma extranjero, se construyeron laboratorios y se fundaba un ballet folclórico juvenil “Ave María”, que muy pronto se hizo conocer en todo el país. Somos un colegio privado católico, donde todos los estudiantes tienen que pasar clases de religión católica, pero siempre hemos recibido a estudiantes de todas las confesiones y religiones, así como de familias ateas.

En el transcurso de los años el Colegio Boliviano Alemán Ave María ganaba en prestigio y dimensión y hoy en día cuenta como uno de los mejores colegios de Bolivia. Al principio del nuevo siglo, a causa de una demanda enorme por su kínder, primaria y secundaria, el número de los estudiantes llegó a casi 5.000. Hoy en día, las condiciones se han vuelto mucho más difíciles, pero aún tenemos 2.000 alumnos. Desde su principio el Colegio Ave María era un proyecto educativo social apoyado por donaciones de muchos amigos y benefactores en Alemania, Austria y Suiza. Hoy en día todavía somos accesibles especialmente a niños y jóvenes de familias con bajos recursos para darles la oportunidad de una buena formación.

Nuestros alumnos son muy abiertos, dentro de poco tiempo establecen buenos contactos con nuestros huéspedes y voluntarias alemanas. La mayoría tiene metas altas. No son pocos que ya han vivido muchas desgracias en su vida. Ellos se sienten agradecidos, si se les escucha, cuando experimentan interés por su persona y sus problemas.

No hay un bachillerato centralizado en Bolivia, por esto el bachillerato es tan bueno como el colegio en el cual uno se ha graduado. Una tercera parte de los estudiantes de Bolivia frecuenta un colegio particular. Nuestros bachilleres –desde la fundación de nuestro colegio entre 7.000 y 8.000– tienen buenas oportunidades de vencer los duros exámenes de admisión en las universidades estatales o de ganar una beca en una universidad privada. La mayoría se vuelven buenos profesionales. Pero el éxito profesional no es lo más importante. Buscamos inspirar por lo menos a una parte de nuestros alumnos de apropiarse de valores cristianos y ético-políticos. Deseamos que actúen honestamente y correctamente y no solamente piensen en sí mismo, sino también en los demás, en el bien común socio-ecológico. Queremos educar jóvenes ciudadanos críticos, que se sientan comprometidos con un estado democrático-constitucional y con un orden mundial pacífico y justo, cuidando a la Madre Tierra. En su discurso frente a los bachilleres, el embajador de Alemania, Matthias Sonn, como Padrino de la Promoción 2018 llamaba al Colegio Ave Maria “una columna de la presencia alemana en Bolivia”.

Internado Mujeres

Originalmente el internado de mujeres era para niñas del campo o de las regiones remotas de Bolivia, donde faltaban colegios que conducían al bachillerato. Con el transcurso del tiempo el gobierno ha mejorado la oferta educativa en estos lugares. Sin embargo, hasta el día de hoy nuestro internado ofrece un refugio de protección y apoyo a las jóvenes, si son huérfanas, o si están en peligro de sufrir acoso sexual. También acogemos a muchachas de madres solteras o cuyos padres están en la cárcel, enfermos o trabajando en el exterior. Nuestro internado procura que las chicas vivan en comunidad, que escuchen el Evangelio, que encuentren amigas, que se gradúen de un buen colegio y tomen su vida en sus propias manos.

Agroforestería

“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?
Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.”
Isaías 43:1

Desde nuestra granja de 26 hectáreas en Achocalla, cerca de La Paz, miramos a la Cordillera Real con sus cumbres de 6.000 metros de altura, todavía nevadas, una de las sierras más lindas de los Andes. Hace casi 40 años, compramos una granja aquí y comenzamos, en los suelos empobrecidos, a cultivar papas, cebada, avena, arvejas y habas, además de criar animales: ganado, cerdos, caballos, llamas, gallinas, patos y cuyes. Cultivamos hortalizas en campo abierto y en invernadero, lechuga, hierbas y flores. De esta manera, podemos proporcionar a nuestro internado, al instituto de medio pupilo y al Convento una parte de alimentos saludables. Esto agradecemos en gran parte al compromiso de nuestros empleados agrícolas. Algunas de nosotras, las monjas, nos vamos dos días cada semana a nuestra casa en la granja para ayudar en la siembra y la cosecha y empujar la transformación de la finca en un sistema agroforestal.

El cambio climático es experimentado muy de cerca en nuestra región del mundo a 3.750 metros sobre el nivel del mar: temperaturas más altas, glaciales derritiéndose, sequías, y en el año 2016 por semanas un racionamiento de agua potable en La Paz. El Lago Poopó, el segundo más grande lago de Bolivia, se secaba completamente.

Bolivia es uno de los países más afectados por el cambio climático a nivel mundial. No obstante, este es uno de los países que lastimosamente deforesta vertiginosamente su selva trópica.

Si Jesús, que amaba a los niños y a la vida, hoy en día regresaría al mundo, plantaría árboles. En esto creemos, por eso lanzamos inquebrantablemente nuestra gota de agua sobre la piedra caliente. En medio de nuestra región carente de bosques, desde 8 años, con nuestros agricultores y estudiantes del colegio, estamos arborizando nuestra granja, con la mayor cantidad posible de especies y con árboles frutales adecuados. Llevamos 3 años implementando la agroforestería dinámica administrando nuestro propio vivero y creando un paisaje de retención de agua. Nuestros alumnos vienen a nuestra finca del monasterio para una formación técnica en agroecología y agroforestería, que es parte de su formación extra curricular. Estudiantes universitarios de diferentes facultades hacen aquí sus prácticas y realizan pequeñas investigaciones para su tesis de licenciatura.

En los siguientes años nos gustaría progresar a un “sistema agro-silvo-pastoril”, es decir incluir un manejo más adaptado a las necesidades de animales domésticos y los árboles requeridos para el caso. Además, establecer un parque agroforestal educativo para las poblaciones de La Paz y El Alto que casi no encuentran espacios verdes recreativos dentro o cerca de la ciudad.

Entonces, nuestro futuro Centro Ave María de Agroforestería Andina se convertirá en un oasis verde en medio del desierto urbano que se expande cada vez más rápido. Será un Arca de Noé para las últimas plantas silvestres y animales salvajes que buscan refugio en nuestro terreno, donde les reservamos ciertos espacios remotos. Un modelo ilustrativo para un camino alternativo de «desarrollo», inspirado por el amor de la creación y la reverencia por la vida (Albert Schweitzer).

Espacios de pensamiento

Somos un monasterio de mujeres y queremos dar espacio en esta página a la experiencia religiosa de las mujeres, así como a su pensamiento religioso y filosófico-político. Queremos que la diferencia femenina se expresa en su inagotable variedad y plenitud y así, venga al mundo.

Comenzamos con la VIRIDITAS, la fuerza verde que la abadesa benedictina y doctora de la iglesia Hildegard de Bingen (1098 – 1180) con su canto celebra como una dimensión del Espíritu Santo:

De Spiritu Sancto

O ignis spiritus paracliti,
Vita vitae omnis creaturae,
sanctus es verificando formas.
(…)

O iter fortissimum, quod penetravit omnia
in altissimis et in terrenis et in omnibus abyssis,
tu omnes componis et colligis.

De te nubes fluunt, aether volat,
lapides humorem habent,
aquae rivolos educunt
et terra viriditatem sudat.

Tu etiam semper educis doctos,
per inspirationem sapientiae laetificatos.
et gaudium vitae, spes et honor fortissimus,

Unde laus tibi sit, qui es sonus laudis
et gaudium vitae, spes et honor fortissimus,
dans praemia lucis.

Del Espíritu Santo

Oh fuego del espíritu paráclito,
Vida de la vida de todas las criaturas,
Tú eres santo verificando formas.
(…)

Oh paso más fuerte, que penetra todo
en las alturas más altas como en la tierra y
en todos abismos Tú compones y reúnes.

De Ti las nubes fluyen, el éter vuela,
de Ti las piedras tienen su humedad,
las vertientes crean los riachuelos
y la tierra suda la verdedad.

Tú siempre generas gente sabia
alegrados por la inspiración de la sabiduría.
Por eso la loa Te sea dada, Tú que eres
el sonido de la alabanza, el gozo de la vida,
esperanza y honor más fuerte dando los
premios de la luz.

(Traducción: Sr. Dra. M. Johanna Lauterbach OCist con Martin Mercado Vásquez MA)

En esta canción la Santa Hildegard describe la VIRIDITAS, “la fuerza verde” o literalmente “la verdedad” que la tierra «exsuda», como un ser vivo, como un poder enraizado en el Espíritu Santo. Según la Biblia, el Espíritu Santo es el poder creativo primordial. Se movió como «Ruach» (en hebreo femenino), es decir, como “el aliento y el viento» de Dios sobre el rostro oscuro de la «Tehom», la profundidad increada del diluvio primitivo, como un ave madre revoloteando (Génesis 1,2). Esto es lo que la teóloga estadounidense Catherine Keller escribió en su libro On the Mystery: Discerning God in Process. La Ruach precede a la primera palabra creadora y, por lo tanto, al lenguaje, como la vida vegetal y animal precede al ser humano. Su movimiento rítmico se destaca del caos primitivo como una figura de su fondo caótico-diverso. Como la primera célula con su metabolismo pulsante se ha destacado del inanimado océano primordial de nuestro planeta.

Primero, la fuerza verde, o como diríamos hoy, las células y organismos que operan en la fotosíntesis, allanaron el camino para una vida más elevada en la Tierra al oxigenar nuestra atmósfera y ofreciéndose como alimento en las plantas. Con razón, la gran naturópata Hildegard ha reconocido a la VIRIDITAS como una dimensión del Espíritu Santo, como una condición y una fuente de nuestra vida terrenal no creada por nuestras manos.

La VIRIDITAS siempre está asociada a la humedad. Funciona en el crecimiento, el verde y el florecimiento de la naturaleza como del alma humana, apunta a la plenitud y la madurez y se retira en la vejez y la enfermedad. Cuando el hombre abandona la vitalidad verde de las virtudes y las buenas obras, advierte Hildegard, entonces los poderes del alma comienzan a desvanecerse y marchitarse. María es la rama verde brillante en la que Cristo floreció como un brote hermoso para revivir la marchita y languideciente VIRIDITAS, la plenitud original de la creación.

La teóloga Hanna Strack ha descrito estas diferentes dimensiones de la VIRIDITAS después de Hildegard en un ensayo que vale la pena leer, que se puede encontrar en su página web.

Incluso en el siglo XXI, nos parece hermoso y significativo cantar alabanzas al sagrado espíritu creativo de Dios. Así expresamos nuestra convicción de que el orden de la naturaleza, la estructura del universo, siempre es mayor que nuestra capacidad humana para reconstruir órdenes (Evelyn Fox-Keller). Esta convicción no es contraria a las ciencias naturales, sino solo al cientificismo, es decir a la ideología de que las ciencias naturales algún día podrán comprender, explicar y predecir completamente todos los hechos objetivos y subjetivos que conforman nuestra realidad. Como resultado, los cientificistas creen que se les permite considerarse redes neuronales, cuyo hardware y software se descodificarán completamente en un futuro cerca y, por lo tanto, se manipularán como les plazca.

Hablar de Dios significa rechazar esta arrogancia extraña e infundada de nuestra actual cultura occidental; así como el escape de la responsabilidad incluido en esta visión del ser humano. Hablar de Dios significa inclinarse ante el misterio impenetrable en el que nuestra existencia humana está entretejida; significa agarrarse con Jesús del hilo de la bondad que lo impregna; significa asumir por reverencia a la vida (Albert Schweitzer) responsabilidad por la creación.

Por eso cantamos con Hildegard su canción Item de Virginibus / A las vírgenes:

O nobilissima viriditas

O nobilissima viriditas,
que radicas in sole
et que in candida
serenitate
luces in rota
quam nulla terrena excellentia
comprehendit:

Tu circumdata es
Amplexibus
divinorum mysteriorum.

Tu rubes ut aurora et ardes
ut solis flamma.

O nobilísima verdedad

Oh nobilísima verdedad,
Tú que estás enraizada en el Sol
y que brillas
en serenidad clara
dentro de una rueda
que ninguna excelencia terrena
comprende:

Tú estás rodeada
por los abrazos
de los misterios divinos.

Tú enrojeces como la aurora
y ardes como las llamas del Sol.

(Traducción: Sr. Dr. M. Johanna Lauterbach OCist con Martin Mercado Vásquez MA)